- Aceptar nuestras experiencias de vida, no es justificar, ni quedarnos en un lugar donde no queremos estar. Es dejar de pelear con lo que ya pasó… para poder empezar a construir algo distinto, desde otra mirada. Aprender de lo que no queremos repetir… y también de las habilidades que queremos desarrollar.
- Nuestras heridas no nos definen, pero sí nos muestran qué necesita ser visto, sostenido y transformado constantemente. Es vernos con profundidad, revisar cómo está nuestro niño interior… porque nuestra parte más pequeña ha sido la más vulnerable.
- La verdad es que nuestros padres y/o cuidadores hicieron lo mejor que pudieron con lo que sabían y con los recursos que tenían. Es importante entender que muchas cosas que hicieron no fueron contra ti… sino parte de una historia más amplia, que capaz desconoces.
Fuente: PARAMAR
No hay comentarios:
Publicar un comentario